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Otros hablan de Pablo Castro SJ:

Juan Pablo Cárcamo sj

Rector Colegio San Mateo, Osorno
carcamosj@yahoo.com

 

De Pablo puedo decir que ya compartimos 24 años juntos en la Compañía de Jesús.  Ambos egresamos del colegio San Ignacio El Bosque, tiempo en que nos conocimos, pero que no compartimos amistades en común.  Una vez entrados a la Compañía tuvimos muchos aspectos que nos fueron ayudando a desarrollar la profunda amistad que ahora tenemos.

Pablo era un atleta conocido y notable.  La pena es que los años y la falta de deporte, hoy lo ponen en la categoría de un cuarentón común y corriente a nivel deportivo. Sin embargo, el corazón y la entrega de Pablo han crecido con el tiempo de manera notable. 

Siempre le admiré su “pasión” por todo lo que emprendía y soñaba. Sus relaciones interpersonales siempre han estado atravesadas por la verdad y la fidelidad.  Lo que emprende lo lleva a buen término y con calidad.  Es un jesuita de una gran disponibilidad, que se adapta a cualquier misión que la Compañía le ha encomendado.  Es más, en varias oportunidades tuvo que asumir responsabilidades fuera de su programa, haciéndolas con gran ánimo y generosidad; y de todo corazón.

Su vocación al servicio del pueblo mapuche me hace sentir un inmenso orgullo de tenerlo como mi compañero y amigo, “el mejor” como él mismo dice de nuestra relación mutua.  Ciertamente esta inserción que está viviendo y el trabajo que está realizando junto a otros jesuitas en Tirúa, es un verdadero testimonio de entrega y sobre todo de sencillez de vida. Una cosa que destaco en Pablo es cómo aprendió a tejer la lana y cómo ha compartido este conocimiento con su grupo de tejedoras.

Pablo es un gran jesuita, amigo del alma y fiel servidor de los más pobres.

Marcelo Mackenney

Director Tercer Ciclo, colegio San Ignacio El Bosque
mmackenne@sanignacio.cl

Con Pablo nos une una larga y entrañable amistad. Y quiero decir por largueza, fidelidad, y por entrañable, gratuidad del corazón... A Dios le agradezco estos dones que me han llegado porque sí a través de Pablo. La buena amistad tiene este sabor certero y permanente del cariño refrendado por el tiempo y sus vaivenes, así como de una gratuidad y libertad que terminan siendo sobrecogedoras al reconocer que te estiman y quieren en la verdad de lo que somos.  Entonces, estas son las primeras palabras que me nacen al ser invitado, porque sí, para decir algo de Pablo: con él he compartido y crecido en amistad.

Por otra parte, ha sido una amistad abierta y generosa: con el tío Pablo han jugado y regaloneado cada uno de mis hijos, y mi señora ha encontrado en él un par con quien conversar en la verdad francamente. Agradecemos de corazón toda esta sencillez: directa, llana, familiar.

Larga y entrañable esta amistad, enriquecida por una historia compartida, por  la vocación de Pablo, del jesuita y cura, de quien ha encontrado en el pueblo y personas mapuches el amor y la misericordia de Dios, una nueva manera de contemplar y comprender el mundo y sus complejas circunstancias.

Agradezco a Dios tanto bien recibido a través de Pablo.

Cristóbal Fones SJ

Estudiante jesuita
cfones@jesuits.net

A Pablo lo conozco desde distintos ángulos. Como primo, como jesuita, como compañero de trabajo. Se nos dio el regalo de comenzar juntos la misión mapuche. Ahí pude conocer más profundamente a este hombre enamorado de Jesús y enamorado del pueblo indígena. A la luz del fogón, aprendiendo la lengua con humor y alegría, recorriendo rincones insospechados de las cuestas sureñas, resistiendo la tensión de ser huincas, aprendí que lo que hace grande al ser humano es su capacidad de despojo. Pablo es un hombre frágil que Dios hace fuerte; su corazón es infinito y su energía... inagotable.

Aunque lleno de dones multifacéticos y un carisma a toda prueba, lo que más lo distingue es su capacidad de amar. Pablo es un jesuita que no le tiene miedo al cariño; que compromete su vida en el trato con los demás. Y esto se concreta de un modo especial en su misión apostólica, donde el respeto profundo y el amor sincero por aquellos que han sido olvidados lo mueve a una entrega de cuerpo y alma.