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hablan de Rubén Morgado SJ:
Miguel Yaksic SJ
Estudiante jesuita, etapa Teología
myaksic@gmail.com
Conocí a Rubén cuando estaba en tercero básico en el colegio San Ignacio. Al poco tiempo de comenzadas las clases, un nuevo compañero llegó al curso. Traía un buzo café y en la espalda se leía la inscripción: “Chuquicamata”. No sé por qué me acuerdo con claridad de ese día, pero soy de las pocas personas que pueden dar cuenta del porqué del apodo de “Chuqui”.
Unos quince años después entrábamos juntos en el noviciado de la Compañía de Jesús. El mismo día.
Esta historia nos ha hecho compañeros de varias batallas.
Rubén es probablemente una de las personas más honestas y consecuentes que he conocido. Es esa transparencia la que nos ha develado, sin sombras, el hombre que va por dentro. Un hombre fiel y radical. Y también un hombre espontáneo, simple y alegre. Pocas veces he visto hombres que sientan una inclinación tan natural al acompañamiento del dolor, la marginación y la pobreza. Testigo fui de aquello cuando, siendo novicios, trabajamos juntos en un sector de mujeres gravemente enfermas del hospital Psiquiátrico de Santiago. Experiencia que al poco tiempo, Rubén vertió en una obra de teatro llamada “Av. La Paz”. Por lo mismo fue que estuvo trabajando dos años en el Amazonas y hoy colabora pastoralmente en el Hogar de Cristo.
Hombres como Chuqui nos recuerdan cada día la radicalidad y la alegría de vivir la vida al estilo de los evangelios.
Verónica García-Huidobro
Directora Escuela de Teatro Universidad Católica de Chile
vgarciaa@uc.cl / http://www.verogh.com
Conocí a Rubén Morgado en el año 2002 cuando cursó con excelencia, el Diplomado de Pedagogía Teatral que dicta la Escuela de Teatro en el Centro de Extensión de la Universidad Católica.
En mi opinión, Rubén es un testimonio vivo de la fuerza de juventud de Cristo.
Admiro profundamente su vocación sacerdotal, su fe en Dios y en las personas, su gran espíritu de sacrificio, su necesidad de superación, y sobre todo, su actitud de servicio y entrega hacia los más desposeídos.
Sin lugar a dudas, Rubén hace carne lo más esencial de la tarea jesuita mediante su sincero e intenso amor al teatro, pasión que ejerce con talento y asertividad en virtud del objetivo académico y espiritual que quiere alcanzar, desde las múltiples facetas de la teatralidad, como son la dramaturgia, la dirección, la actuación y/o la docencia.
Esa ha sido nuestra plataforma de encuentro y apoyo mutuo más significativa, desde la que hemos reflexionado muchas veces acerca de las personas, de la religiosidad, de la sociedad chilena, del mundo y de los desafíos valóricos que se nos presentan a través de la inclusión de la expresión dramática en el sistema escolar.
Agradezco sinceramente el haberlo conocido y el contar con su consejo oportuno y pertinente cada vez que lo he necesitado.
Deseo de todo corazón que la Compañía de Jesús siempre sea capaz de convocar a su misión, a apóstoles con la sensibilidad artística, vocación de servicio y sentido religioso, cualidades que profesa con humildad Rubén Morgado en el ejercicio de la pedagogía teatral.
Rodrigo Arévalo SJ
Estudiante jesuita, realiza Magisterio en Colegio San Luis, Antofagasta
arevalosj@gmail.com
Rubén es una de las personas que me ha ayudado más a entrar en la compañía. Recuerdo que cuando estábamos en el noviciado, nos tocó trabajar juntos en una tarde de jardín. Aprovechamos esa ocasión para tener una conversación de dos horas en la que tocamos todos los temas con una sorprendente profundidad. Él llevaba casi dos años en la Compañía y yo venía entrando. Su capacidad de escucha me hizo sentir de verdad en casa.
Es un jesuita que mueve a los jóvenes a dar lo mejor de si. Cuando hacía apostolado en el Colegio San Ignacio, reunió a un grupo de alumnos, con los cuales salía los días viernes en la noche, para entregar un pedazo de pan con un poco de café a las numerosas personas que viven sin techo en el centro de Santiago. Lo acompañaron los alumnos más difíciles y les ganó el corazón, ayudándoles a convertirse en modelos para sus compañeros.de apostolado. Esos chiquillos fueron un pilar importante para continuar con esa labor.
Para mí, Rubén es una persona que irradia alegría. Su servicio consiste en saber sacar lo mejor de los demás, ya sea en una obra de teatro, en un apostolado, en una conversación, en la oración, etc. Mueve a otros a realizar cosas desde su ejemplo, no de pura palabra.
Rubén se involucra con todo su ser y todo su tiempo.
Angélica Aitken
Actriz, estudiante de educación diferencial
coneaitken@hotmail.com
Hablar de Chuqui es remontarme hace unos 4 años, cuando por cosas del destino nos encontramos siendo compañeros del Diplomado de Pedagogía Teatral.. y desde ahí se forjó nuestra amistad. Recuerdo que una de las primeras cosas que conversamos fue del porqué estaba ahí. "Me gusta el teatro", me dijo, y ahí supe que estaba a cargo del taller en el Colegio San Ignacio. Desde ese momento pude darme cuenta de que manera va canalizando su vocación y su amor a Dios mediante el teatro y sus múltiples formas.
Hablar de Chuqui es hablar sobre la unión de dos mundos, sobre cómo el teatro y la religión pueden encontrarse y formar lazos tan mágicos. Hablar de Chuqui es hablar de una persona multifacética, un hombre que es capaz de, en un mismo día, ir a clases, estar con su comunidad en Hannover, asesorar a un grupo de CVX, para luego llegar a ensayar y dar vida a un laboratorio teatral, mientras se prepara a contestar las cartas que han llegado desde Manaos.
Creo que el teatro llamó a Chuqui, y es siendo su amiga que me he dado cuenta de muchas cosas… me ha enseñado lo terapéutico y evangelizador que es y el poder que tiene llegar con el mundo de la pedagogía teatral en un lugar y sentir que muchas personas van poco a poco dándole un sentido a sus vidas y sintiendo que no se necesita ser actor para poder encantarse y jugar…
Creo que el teatro inunda todo el quehacer de Chuqui, desde su mirada ante el mundo hasta la posibilidad de estar frente a un grupo y dirigirse a ellos.
Veo su vocación como una vida muy ligada al contacto diario con las personas, tengo la sensación de que en Manaus llegaron muchas respuestas pero también muchos desafíos al proceso de Chuqui. Sé que todas las personas que aún lo esperan en tierras cariocas guardan íntimamente el recuerdo de un hombre valiente, entregado y responsable, de alguien que no duda en decirte las cosas de frente cuando considera que algo no lo estás haciendo bien, y también guardan esa sonrisa gigante (con carcajada incluida).
Hablar de Chuqui es hablar de un jesuita amante de lo que hace, que desarrolla su misión con pasión y entrega, que transmite valores tan importantes como la lealtad, la responsabilidad y la escucha. Un amigo que mediante su creatividad, te enseña a realizar todos tus proyectos con dedicación y cariño.
Hablar de Chuqui es hablar acerca de un amigo que me ayudó a encontrar el nexo entre mi vocación profesional y mi espiritualidad, y una persona que ha sido vital para ver cómo los sueños y las metas sí se pueden lograr.
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