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Otros hablan de Cristián del Campo SJ:
Felipe MerinoAbogado, Director de Fundación Trascende Soy amigo de Cristián desde 1978. Desde el día en que entró al 3° Básico D del San Ignacio El Bosque, hasta el día de hoy. Ha sido una amistad larga y especial, de esas que se asemejan mucho a lo que uno siente por un hermano. Una amistad construida en base a la competencia y la discusión. Única forma de construir una amistad cuando uno se conoce a los 8 años, cuando uno es de la “U” y el otro de la Católica, cuando ambos sólo tienen claro que, como decía Fontanarrosa, “el fútbol es sagrado”. Hoy, cuando miro a Cristián en su rol de cura, no puedo dejar de sorprenderme. De lo feliz que se ve viviendo su vocación. De su indiscutible talento para predicar. De la sabiduría con que acoge, escucha, aconseja. De cómo transformó esa misma pasión con que enfrentaba de niño sus discusiones, en una pasión ignaciana y en un amor profundo por Cristo. De cómo ha logrado, aunque parezca contradictorio, seguir siendo el mismo y a la vez una persona distinta: un buen jesuita. Tener un amigo jesuita es invaluable. Y no puedo sino dar gracias a Dios por eso. A la vez que también agradezco haber podido trabajar codo a codo, él de cura y yo como laico, en la construcción de Fundación Trascender, obra que junto a otros amigos iniciamos hace ya 6 años y que ha dado muchísimos más frutos de los que en su momento imaginamos. Ha sido una linda manera de hacer nuestra amistad fructífera para el resto. Y estoy seguro que habrá otras ocasiones similares para eso. Porque la pasión de Cristián es enorme y será un gran jesuita. Pese a ser de la Católica, pero en fin, nadie es perfecto. Mario InzulzaEstudiante jesuita, etapa Teología Hace dos años que trabajamos con Cristián en la Universidad Alberto Hurtado. Y si bien podría enumerar muchas de sus cualidades -asertivo, capaz de estar con los de abajo y los que piensan en blanco y negro... - lo que hace de Cristián un hombre de Dios es la mezcla entre apasionamiento y cariño. Al mismo tiempo que presiona para que las cosas salgan bien y no se hagan de manera mediocre, crea un ambiente en donde todos se sienten cómodos y queridos. En otras palabras, es posible invitarlo a compartir un proyecto muy exigente como a una parrillada con los amigos. Eso lo vuelve un jesuita que obliga a sacar lo mejor de ti, a la vez que te hace sentir como en casa y a gusto. Desgraciadamente, esta mezcla entre pasión y cariño no es común entre nosotros jesuitas. Por eso Cristián y su forma de ser es un hermoso regalo tanto para la Compañía de Jesús como para quienes tenemos la suerte de trabajar o vivir con él.
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