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hablan de Orlando Contreras SJ:
Antonio Delfau SJ
Director Revista Mensaje
adelfau@ia.cl
Lo que me gusta de Nano es su autenticidad a toda prueba, esté donde esté, no deja de ser él. Lo contento y orgulloso que está de ser jesuita y de pertenecer a la Compañía. Lo disciplinado que fue para los estudios y a la vez su gratuidad en lo comunitario. Admiro su libertad y sentido común. Transmite del alma su amor a la Compañía.
Es un jesuita que no se ‘pierde,’ conoce sus limites. Reconoce en él lo que ‘puede hacer o para que sirve’ y lo que no. No se achica ni se agranda.
Es bueno, inteligente, valiente, alegre, directo, honesto. Tiene su historia pasada y familiar integrada, sabe cuidarse y pedir lo que necesita. Puede cansarse pero nunca abatirse. Como me ha dicho más de una vez: en la Compañía todo ha superado sus expectativas, es feliz. Es un hombre bien ‘plantado’, con pocos o ningún rollo. Lo que puede lo hace, si no mala suerte.
Es realista. Tiene una admirable autoestima. Es un hombre realizado. No pretende ni ambiciona nada que no esté a su alcance, por lo tanto en él hay muy poca o ninguna frustración. Su risa se oye a kilómetros.
En resumen: siento que todavía tengo mucho que aprender de él y lo considero envidiable por su sabiduría para enfrentar la vida.
Marina Farías
Administradora Parroquia Jesús Obrero
EL PADRE NANO, en mi parroquia y en el barrio para la mayoría "El Nano", ejecutivo, un cura amistoso de risa fuerte y de puertas abiertas para todos, nunca le faltó invitación para que visitara los hogares de la gente de la comunidad y de los amigos, siempre bien recibido por su alegría que llena todos los espacios.
Creo que tanto acompañamiento en los ejercicios en la vida diaria le a dado gran claridad para lo cotidiano, ojo de águila para ver dentro del ser humano, no se le engaña con facilidad, pide y da sinceridad y verdad, aunque a algunos no les gusta mucho hablar ni que les hablen con la verdad. ¿Será que no quieren ser libres y por eso se percibe que él sí lo es? Desde aquí les motivo a no rechazar una invitación a hacer los ejercicios
.
Yo no le puedo decir Nano, él es mi padrecito, el que me guió desde el ateísmo y me enseñó primero a conocer a San Ignacio, para luego acompañarme en los ejercicios de la vida diaria a encontrarme con Jesús, María y el Padre, en una experiencia llena de amor, cargada de lágrimas de arrepentimiento y de muchas alegrías, las palabras mas dulces después de una confesión las recibí del Padre Nano y así empecé a conocer otro mundo, o mejor dicho, conocí el cielo en la tierra.
Hay muchas cosas buenas que veo del Padre Nano como sacerdote jesuita que dan mucho fruto a la comunidad y que nos ayuda a conocer y encontrarnos con el Señor, pero hay dos que siempre lo mantendrán con "trabajo" aunque pasen los años y el sea "mayor": siempre podrá dar los ejercicios espirituales y la celebración de la Eucaristía donde por medio de la homilía nos muestra siempre a Jesús en nosotros. Lo veo feliz viviendo su vocación y entregándose completamente a la misión que le encomiende la Compañía.
Jorge Díaz SJ
Párroco El Carmen, Arica
jdiazsj@jesuitas.cl
A Nano lo conozco desde antes que yo ingresara en la Compañía. Yo colaboraba en el Voluntariado del Hogar de Cristo y asistía con frecuencia a la misa de domingo en la Parroquia Jesús Obrero, allí
Nano era vicario parroquial.
Nos fuimos haciendo amigos. Él incorporó algunas experiencias para los jóvenes en el Hogar, y yo comencé a participar más activamente en la parroquia. Luego ingresé al noviciado, entonces empezamos a ser amigos y compañeros, más tarde en algunas etapas de formación fui enviado a trabajar apostólicamente en esa misma parroquia, por lo tanto era además mi superior apostólico. Allí, viernes a viernes, fue formando en mí el gusto por trabajar pastoralmente con otros. Después,
en mi ordenación sacerdotal fue mi padrino. Hoy vivimos en la Comunidad San Pedro Claver en Arica, allí es mi superior de casa y somos compañeros en la misión que nos ha dado la Compañía de Jesús.
Como ven, me ha tocado compartir varias etapas de mi vida en la Compañía con Nano. En estos años he ido reconociendo en él, un hombre que entiende la amistad como un regalo de Dios y como tal lo cuida con perseverancia y totalidad. He ido admirando la energía y fuerzas que
entrega al trabajo apostólico, la mirada de conjunto que otorga a la misión apostólica y la capacidad de concretar esa mirada involucrando a otros. Me ayuda el ser testigo del cariño que tiene a la Compañía, a la Iglesia y al pueblo fiel con una preferencia absoluta por los
marginados. Esto último ha significado más de un dolor o malos ratos que sabe enfrentar con un meditado buen espíritu. Es capaz de contextualizar sus trabajos, atendiendo a lo que el medio ofrece y necesita.
Sin duda es un jesuita apasionado y creativo con la misión, y que sorprende a quienes se encuentran con él. Sólo queda decir que me siento agradecido, y sorprendido, de compartir este tiempo con Nano y de ser amigo, compañero, ahijado y súbdito.
Marcela Pérez Muñoz
Novicia Esclavas del Sagrado Corazón de Jesús
Conocí a Nano el año 1988. Yo estaba en mis últimos años de colegio y él era el asesor de la pastoral juvenil de la parroquia Jesús Obrero. Sólo lo conocía por su “sonora” manera de reírse y por sus prédicas en la misa del domingo. Por esos días yo no pertenecía a la pastoral pero de alguna manera él se encargó de que me fuese acercando a ella, primero pidiéndome dibujos para folletitos, carteles, etc...Más adelante fui yo quien se fue acercando y buscando su ayuda. Recuerdo lo complicada que estaba con la decisión de mi carrera y cómo Nano en ese minuto me hablo de “discernir”… fue mi primer acercamiento a la espiritualidad ignaciana... y sin darme cuenta se convirtió en mi acompañante espiritual.
Compartimos varios años en la pastoral juvenil, aquí fui conociendo al Nano asesor, sacerdote, pastor y sobre todo amigo... muchos jóvenes de ese tiempo encontraron en él a un guía acogedor, cercano, alegre y paciente... pero también encontraron al Nano directo, honesto, “agudo”, y sin dobleces. Esto en muchas ocasiones le significó más de un enojo y malestar de los jóvenes. En este sentido él mismo reconocía que era un poquito “brusco” a veces para decir lo que pensaba... eso sin duda con los años fue cambiando. Creo que su fidelidad, su capacidad para reconocer sus fragilidades, su capacidad para pedir perdón, muchas veces públicamente, fueron modelando sus gestos y convirtiéndolo en un sacerdote cada vez más cercano y amigo.
Mas adelante, ya como párroco de Jesús Obrero, fuimos compartiendo diversas experiencias pastorales, pero sin duda lo mas significativo para mí fue el ser testigo de la opción de Nano por los más pobres y el cómo esta se traducía en su preocupación constante por acercarse a la realidad, por participar de las organizaciones del barrio y no como algo sólo de él sino haciéndonos a todos parte de ello, creando redes para dar respuesta a diversas necesidades. Recuerdo cuando se enteró de que la señora María no sabía leer y me dice si puedo ayudarla, yo con temor dije que sí... esta “peguita” fue un encuentro con el Dios de los más sencillos, con un Jesús resucitado, me cambió la vida. Y ahí estaba Nano, acompañando también este encuentro.
Sin duda tengo mucho que agradecerle, su compañía de siempre, su amistad, su manera de ser religioso y sacerdote... pero sobre todo el tesoro de los Ejercicios Espirituales y en ellos la espiritualidad ignaciana, parte esencial de mi vida hoy como futura religiosa y sobre todo como mujer que quiere seguir a Jesús de la manera mas humana y honesta posible. Humanidad y honestidad que he visto en Nano durante todos estos años. |