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hablan de Jorge Díaz:
Orlando Contreras SJ
Superior Comunidad San Pedro Claver, Arica, Párroco Nuestra Señora del Carmen nanocontreras@jesuitas.cl
Un jesuita de gran talante humano
Conocí a Jorge a mediados de 1988, cuando era Vicario Parroquial a la Parroquia Jesús Obrero; él, con otros jóvenes era voluntario en el Hogar de Cristo y, después de prestar su servicio, solía ir a misa a la capilla donde estaban los restos del P. Hurtado.
Se notaba en él un deseo de ayudar a otros siguiendo el ejemplo del P. Hurtado y motivado por una profunda experiencia religiosa en comunión con otros que andaban en la misma onda. De ese tiempo guardo muy buenos recuerdos de él y de otros amigos con los cuales nos vinculamos.
Con el tiempo Jorge se descubrió llamado a la vida religiosa y al sacerdocio; ingresó a la Compañía de Jesús; así nació el hermano y amigo en la Congregación. Su proceso de formación algo nos "distanció", pero volvimos a encontrarnos en la misma Parroquia Jesús Obrero cuando yo era párroco y él fue destinado a ella para ayudar en la Pastoral Juvenil. Fue la ocasión de vernos y conocernos como compañeros de misión; en ese tiempo pude apreciar en él una gran pasión por la misión, con mucha disposición y capacidad para el trabajo en equipo, no exenta de situaciones tragicómicas.
La misión de la Compañía y los procesos de formación hizo que nos volviéramos a separar para volvernos a juntar. Esta vez en Arica. La novedad es que ahora compartimos no sólo la misión sino también todo lo que implica vivir juntos. En este tiempo me he sentido muy visitado por Dios por medio de Jorge. Su preocupación por el otro en pequeños y grandes detalles como ministro de casa; su apertura y colaboración en descubrir la nueva misión de los jesuitas en Arica, ciudad fronteriza; su talante humano ayuda mucho para que la casa sea un lugar agradable para estar y ayudarnos a vivir la vocación y la misión. Pero lo más significativo y notable, para mí en él, este tiempo, ha sido el modo y forma como ha vivido y vive desde la debilidad, fragilidad a propósito de sus operaciones al cerebro. En este sentido, para mí, es un testimonio notable de quien se deja evangelizar en la enfermedad y, desde allí, seguir a Jesús para servir a la Iglesia. A propósito de sus varias y difíciles operaciones, es notable como Jorge no vive para cuidarse sino que se cuida lo mínimo para en Todo Amar y Servir.
Rodrigo Téllez Long
Ingeniero Comercial, exalumno colegio San Ignacio El Bosque
Si tuviera que describir a Jorge en una palabra creo que me inclinaría con AMOR. Desde que lo conocí en 1996, siempre en nuestras conversaciones desde los campamentos, clases, en el cine, almorzando, una caminata o simplemente con un café, esta presente su entrega a Dios a través del amor en todas sus formas a los más desamparados.
En lo personal, ha sido un apoyo incondicional en mi vida y un ejemplo de FE increíble. La vocación de Jorge se hace palpable las 24 horas del día, sin importar lugar ni quién esté al frente. Yo he tenido la suerte de estar muy lejos de Chile y al escucharlo siento a Dios a pesar de los kilómetros que nos separan, con su alegría, sabios y directos consejos, con el regalo de alguna frase precisa (para el momento) de la biblia, etc. Muchas formas con que Jorge siempre me ha regalado su amistad estos años.
Todos los que hemos conocido a Jorge sabemos que él es un hombre que entrega su vida con todas las dificultades que puedan aparecer a mayor gloria de Dios.
Marco Calisto SJ
Jefe Departamento de Pastoral y Formación colegio San Luis, Antofagasta
marcosj@jesuitas.cl
Conocí a Jorge en 1991. La verdad que con el tiempo, la figura de Jorge ha ido haciéndose más grande para mí. Los 8 que entramos aquel año éramos jóvenes, ciertamente con menos experiencia de vida que Jorge. Él, con paciencia y buen humor, soportó todas nuestras salidas
infantiles. Todas las noches del noviciado, él se hacía uno más.
De las experiencias de noviciado me tocó compartir la peregrinación. La hicimos entre Carahue y San José de la Mariquina. Fue un mes en que nos tocó viajar entre distintas culturas de nuestro país: mapuches, campesinos chilenos, pescadores muy pobres. Con todos ellos, Jorge se mostró cercano, atento a conocer el alma de cada hombre y mujer que se nos cruzó. Demás está decir que Jorge me dejaba atrás con su tranco rápido e hiperquinético. Las noches de compartir alrededor de un buen plato de papas con "trapi" no se olvidan nunca más. Estuve a punto de abortar la experiencia. En Mehuín me dio un cólico producto de tanta manteca. Él fue paciente, bueno
y cariñoso. Me sentía seguro con él.
Después de la formación no hemos vivido juntos, pero sí estamos en el norte, él en Arica y yo en Antofagasta. Cada vez que podemos nos juntamos. Nunca está demás echarse una conversadita. El trato es fácil, cercano. Es emocionante para mí concelebrar juntos, ahora ya
como sacerdotes jesuitas.
De su carácter destaco su bondad extrema. Es un hombre de finuras. Cala tus gustos y responde a ellos con delicadeza y silencio. Es un hombre piadoso, con una sensibilidad especial para ello. Tiene un trato cercano con Dios. Es un hombre gozador de la vida. Siempre disfruta de una buena comida,
de un buen queso con vino. A eso no le hace el quite. Sin embargo, así como se alegra con una buena y fina comida, también lo hace con una marraqueta con mantequilla o lo que sea. Es sencillo.
Sergio Said
Constructor Civil, voluntario Hogar de Cristo
Hablar de Jorge Díaz SJ., es recorrer casi 20 años de vida, desde su juventud afable y carismática, hasta su presente como sacerdote comprometido, consecuente y solidario; frase que para mas de alguno es conocida, y que, en el caso de Jorge, es verdadera.
A fines del año 1988, cuando el país estaba a punto de vivir grandes cambios sociales y políticos, en un pasillo de la Hospedería de Hombres me tocó conocerlo, ágil, siempre sonriendo, siempre dispuesto a lavar la miseria de otros y la de él mismo. Esa actitud lo llevó prontamente a ser el Coordinador de los Voluntarios de la Hospedería de Hombres y miembro del Consejo de Hospederías del Hogar de Cristo. Fue reconocido inmediatamente por su liderazgo y el cariño que ponía hasta para lavar un torso desnudo y lleno de llagas.
Algo grande se traía entre manos este Auditor de la U. de Chile, que manejaba millones en la Bolsa de Comercio, pero nadie sabía que era uno de los elegidos para asumir la formación en la fe de miles de almas que Dios le tenía reservadas, y por supuesto entre ellas, la mía.
Una tarde de los años 90 me llamo y me dijo, ¡Sergio, “quiero conversar contigo!”; ante esa frase el disco duro comenzó a girar en Ghz , buscando información y creando otras alternativas posibles: “se va de Chile”, “conoció a alguien”, “subió de puesto en el trabajo”; en fin, algo me dejó intranquilo. Pero llegó el momento, nos sentamos, no sé si fue en un lugar con relevancia religiosa o simplemente humano, cuando al poco hablar me dice las palabras más significativas, que uno no espera escuchar: Voy a ingresar a la Compañía de Jesús. El silencio se apoderó en mi interior, sentí que perdía algo y ese sentimiento me acompañó por un tiempo.
Los caminos estaban trazados, la decisión estaba tomada, y Dios así lo quería. Se iniciaron las etapas de tensa espera, la despedida del laicismo, y el largo tiempo de estudios, hasta que por fin, después de casi 11 años, en un momento solemne, mirando el polvo del suelo, dijo “Si quiero”; convirtiéndose en esos instantes sacerdote de Cristo. Si, ese mismo Cristo que lo eligió desde antes que naciera, ese mismo Cristo que le mostró el camino, ese mismo Cristo que lo acompañó y lo operó en tres oportunidades, ese mismo Cristo que le enseña a ser feliz junto a sus feligreses, ese mismo Cristo que sin lugar a dudas mi amigo Jorge ama con la fuerza de su vida, y que encarna todos los días en la consagración, como los grandes luchadores y el más pequeño ante los ojos de Dios.
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