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hablan de Gabriel Roblero:
Miguel Yaksic SJ
Estudiante jesuita
myaksic@gmail.com
Los primeros recuerdos que tengo de Gabriel son del colegio. El estaba un par de años más arriba que yo. Lo conozco de cerca desde hace poco más de 10 anos, cuando entramos juntos en la Compañía de Jesús.
Si hay una cosa que agradezco profundamente de Coto es la firmeza con que tiene su vida y su corazón arraigado en Jesucristo. Su compañía y amistad todos estos años me han ayudado a comprender algo que siempre se dice de nosotros los jesuitas: que no tenemos otra patria que Dios. Esta convicción del corazón, Gabriel la manifiesta en la alegría de servir, en su pasión por el Reino de Dios y su justicia y en el cariño hondo que le tiene a la Compañía. Coto es de esos jesuitas que saben que lo mejor que les ha pasado en la vida es haber sido llamado por el Señor a su seguimiento.
Un poco tímido a la distancia, de cerca es un gran contador de historias; se acuerda de todas, probablemente porque tiene una memoria privilegiada. Lleno de amigos de las más diversas procedencias, Gabriel es un hombre muy querido. Yo mismo he disfrutado mucho su compañía y amistad, en especial las veces que hemos vivido juntos como compañeros de comunidad.
Doy gracias a Dios por la vocación de Coto.
José Undurraga
Presidente CVX Jóvenes
A Gabriel, el Coto, lo conocí por medio de la CVX jóvenes, cuando ingresé a una comunidad que él asesoraba. Como asesor nos duró poco, sólo unos meses, antes de que lo asignaran a trabajar como asesor eclesiástico del mismo movimiento. Ahí, en la Comunidad, me hice la primera impresión del Coto; un jesuita responsable, comprensivo, entregado a su misión, pero sobre todo, una persona cuya gran sabiduría está en lograr comprender a quienes lo rodean, aceptarlos y quererlos sin más, sintonizando con ellos de tal manera que invita a la confianza y el sentirse cómodo en su presencia.
Ahora, trabajando juntos en la CVX jóvenes, he podido conocer otras facetas del Coto, sorprendiéndome nuevamente su espíritu conciliador y las ganas y pasión que pone en lo que hace. Ver la forma como se relaciona, la persona y el sacerdote, en especial con los jóvenes cevequianos, me incita a dar gracias a Dios por el jesuita que trabaja hoy con nosotros; pues con su humildad, sencillez y fuerza al hablar se ha ganado por derecho propio un lugar en las comunidades de vida cristiana, convirtiéndose en un apoyo fundamental en el devenir de este movimiento.
En realidad, del Coto, como probablemente de muchos otros, se pueden enumerar muchísimas cualidades y virtudes, las cuales sin duda serán todas ciertas. Pero me quedo con su simpleza en el trato, la seriedad y pasión en donde hoy le toca servir, y la imagen del sacerdote que proyecta; un jesuita responsable y amante de su vocación, conocedor de la responsabilidad que sobre sus hombros pesa como religioso. Pero a la vez, humano, tremendamente humano; en sus comentarios, reacciones, trato y formas, lo cual le permite siempre situarse al lado de los demás, ganarse su confianza y aprecio.
Rolando Morales
Administrador del Colegio San Luis de Antofagasta
Al Coto lo conocí cuando llegó a nuestro colegio como Maestrillo. Durante este periodo compartimos en diversas actividades de pastoral y de acompañamiento a los alumnos, en especial como dirigentes de la rama Ruta del grupo scout. Fueron muchos los campamentos donde compartimos en forma alegre los valores del scoutismo.
Sin duda, fue un regalo de Dios construir esta amistad profunda, alegre y cariñosa, matizada por dichos campamentos, y por las infaltables pichangas en el patio del colegio, donde con inigualable talento futbolístico, el Coto desperdiciaba una y otra vez todas sus posibilidades de marcar un gol…
En Antofagasta, se le sigue recordando por su organización del 18 chico, donde recibió hasta reconocimiento del cuerpo de bomberos.
Como jesuita, siempre se mostró como una persona acogedora, alegre y responsable. Su risa fácil y cercanía con los alumnos siempre lo caracterizaron. En cada actividad, en forma humilde y generosa, se ponía al servicio de los demás, intentando mostrar el rostro de Dios.
Ver hoy a Gabriel como sacerdote, feliz y comprometido con su vocación, es una señal de esperanza de que es posible responder libre y alegremente al llamado que nos realiza Dios para la construcción de su Reino.
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