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hablan de Pablo Kramm SJ :

Leopoldo Labrín SJ
Hermano Jesuita
Director Hospital de Goundi, África Occidental
“El Pablo no puede ser jesuita…. ¡Es demasiado bueno!”. Esta frase la soltó un chiquillo que acaba de enterarse que no todos los miembros de la Compañía de Jesús eran sacerdotes. El jesuita que los acompañaba, les acababa de decir que Pablo -al que habían conocido un poco antes- era hermano jesuita.
Yo no fui testigo de la escena, pero me la contaron y no me resulta difícil creerla. Quienes conocemos a Pablo lo identificamos enseguida con acogida, preocupación por el otro, hospitalidad, delicadeza que se expresa en gestos más que en palabras. Hay mucha bondad en Pablo, vive en clave de fraternidad con los demás, lo que se traduce en una constante preocupación por hacer más agradable la vida de los que lo rodean.
Con su vida, nos recuerda a los jesuitas una verdad fundamental: somos hermanos en Jesucristo, nuestro Hermano Mayor, y viviendo esta dinámica nos sentimos más hijos del Padre Eterno. Cuando lo conocí, yo pasaba unos días en Puerto Montt y Pablo visitaba a su familia. En ese tiempo era novicio y aún no pensaba en ser hermano. Más tarde me enteré de su cambio de “status” (técnicamente, en jerga jesuítica, decimos “cambio de grado”). Esta noticia fue una gran alegría.
Pablo es un hombre de grandes cualidades humanas, ya lo dije, pero también intelectuales. Lo destaco, aunque se enfade, para subrayar un hecho. Él optó por acoger el don de esta vocación de hermano en la Compañía. Es una elección positiva, llena de sentido, que pone de manifiesto la primacía del Amor de Dios. Yo creo que Pablo no sería capaz de ser hermano si no amase profundamente todos los carismas y vocaciones de nuestra Iglesia y en particular al sacerdocio ministerial: eligió ser parte de un grupo de hombres -mayoritariamente presbíteros- y colaborar con ellos a la proclamación de la Buena Noticia.
Gabriela Monardez
Secretaria Colegio San Luis de Antofagasta
“No puedo evitar que tropieces
Solamente puedo ofrecerte mi mano
Para que te sujetes y no caigas.”
(Jorge Luis Borges)
Nos presentaron en marzo del año 2004, llegando a vivir su Magisterio en el Colegio San Luis de Antofagasta. Desde entonces compartimos infinitas aventuras: misiones, caminatas, vigilias, acompañamientos, talleres, viajes, “incluso un Brasil imaginario” y muchos etcéteras. Así comenzamos a forjar la amistad que tenemos hasta hoy.
La primera impresión que tuve de Pablo fue la de un jovencito trabajador, ordenado y muy creativo, entusiasta para embarcarse en proyectos ambiciosos, y capaz de involucrar a otros en esas aventuras. Muy exigente y perfeccionista.
A pesar de que no me equivoqué en mi apreciación, se fueron sumando otras características: el amor enorme a su vocación de hermano jesuita. Pablo es un hombre disponible, silencioso cuando se preocupa, dedicado y con especial sensibilidad a los corazones de las personas. Su gran capacidad de escuchar, y hacerse sensible a los gestos de otros, fue uno de los recuerdos que marcaron su paso por Antofagasta.
Es de sonrisa fácil, cuenta con un particular y muy buen sentido del humor… varias anécdotas se recuerdan de él: como aparecer disfrazado de Bob Esponja o del Hombre de Lata, y varias otras veces en que nos sorprendió. Es un chef de alto nivel, convierte lo sencillo en exquisiteces… así también su gusto refinado por la decoración. Es una sorpresa que no coincidamos en los gustos musicales ¡le gusta la música mexicana!
A veces se define a sí mismo de manera injusta, con una crítica un tanto exagerada… pero eso no importa, porque en Pablo se transparenta su amor a Dios. Amor que lo ha transformado en una persona más libre, integrada y feliz, capaz de mirar con claridad lo que el Señor pide de él.
Cristián Rodríguez SJ
Estudiante jesuita
Actualmente está realizando estudios de Teología en París
Pablo ha sido un buen amigo desde el tiempo en que hicimos juntos el Noviciado en Melipilla. El entró al Noviciado un año antes que yo, y desde entonces hemos compartido una amistad profunda, sincera y cercana. En Pablo, lo que verdaderamente he descubierto ha sido el regalo de un amigo jesuita y un compañero en la misión. Alguien con quien puedo siempre contar, pero sobretodo un amigo con quien reír, conversar, ver una película, discutir, rezar…
Desde un principio me llamó la atención su sencillez, transparencia y generosidad para compartir lo suyo: su relación con Dios, su familia, sus sueños, sus dificultades. Tengo muy presente largas horas conversando y compartiendo lo que cada uno estaba viviendo. Creo también que Pablo no sólo es un hombre tremendamente espiritual, que con facilidad refleja su intimidad con Dios, sino también un jesuita profundamente apostólico. Responsable con la misión que se le encomienda, disponible para lo que la misión le requiera, y sencillo para reconocer sus límites y sus pobrezas. Un apóstol cercano con los más sencillos y siempre preocupado por servir a la Iglesia.
Quisiera destacar en Pablo, a un amigo que he visto crecer, que he visto madurar, y que he visto poner los medios necesarios para ser más fiel y disponible para la misión. Un crecimiento que no siempre ha sido fácil, pero que habla de mucha humanidad. Un crecimiento que ha significado dejarse moldear por Dios y que sin duda ha fortalecido sus deseos de una entrega total y radical. Pablo ha sido un hombre generoso para saber renunciar, pero sobre todo para optar y para elegir con decisión lo que más lo conduce a Dios.
En este sentido quisiera destacar dos pasos importantes en su vocación. Un primer paso fue discernir su vocación de Hermano en la Compañía de Jesús, donde fui testigo de su deseo de ser fiel a lo que Dios le estaba pidiendo. Una decisión que no ha sido fácil llevar adelante y que ha requerido mucho de la disponibilidad de Pablo y de una obediencia siempre activa y creativa.
Un segundo paso, ha sido el descubrimiento de la Educación como una herramienta en su vocación. Creo que Pablo siempre ha tenido un don de “maestro” y pasta para ser profesor. Pero otra cosa es estar atento a los que Dios quiere de él y ser dócil a lo que El le propone. Y en esto Pablo ha sido un jesuita que ha sabido poner los medios, desde los años en el Instituto Catequístico. Luego trabajando como profesor en el Colegio San Ignacio El Bosque y en el Colegio San Luis de Antofagasta y estos últimos años estudiando Educación en la Universidad Alberto Hurtado. Finalmente discerniendo cómo y dónde seguir formándose para ser un mejor instrumento en las manos de Dios.
Juan Manuel Sayago
Seminarista Diocesano
Hace unos años, un compañero de Seminario, comentó en el desayuno algo que siempre me ayudado en mi relación con los santos: que uno piensa que es uno quién los escoge, pero en realidad son ellos quienes nos eligen. Análogamente, me ha gustado siempre llevarlo al campo de la amistad: no es uno quien busca a los amigos, sino es Dios quien los regala. Desde aquí quiero compartir mi amistad con Pablo: él ha sido un regalo de Dios para mi vida.
Nos conocimos cuando yo estaba en el noviciado de la Compañía de Jesús en Melipilla, el año 2000. Sin conocer a muchos jesuitas, él fue uno de los primeros que se acercó, con su sencillez y llaneza propia. Desde entonces fue un verdadero compañero de camino durante esos meses. Yo comencé a discernir -con mayor finura- la vocación que Dios me regalaba: sentía un llamado a consagrar mi vida como sacerdote diocesano, lo que me llevó, finalmente, a dejar la Compañía al año siguiente e ingresar luego al Seminario Pontificio Mayor de Santiago. Pablo por su parte, discernía su cambio de estudiante a hermano jesuita, sintiéndose llamado a una mayor fidelidad. Dentro de nuestras limitaciones de tiempo y espacio, supimos animarnos en nuestros discernimientos, ayudando al otro a ver con más claridad y actuar con valentía y confianza.
Con el pasar los años, me he maravillado frente a esa decisión, que tomada con una cuota de incertidumbre, no en el querer propio sino en la humanidad, se ha ido cuajando, fortaleciendo, reafirmando. Si me preguntaran hoy por la vocación de hermano, no recurriría a conceptos teóricos, sino a la imagen de Pablo: un hombre con un claro sentido de servicio, que se siente parte de un cuerpo -tanto de la Iglesia amplia como de la Compañía- y realmente activo en la búsqueda de Dios, tanto en su oración como en ser puente entre Él y los hombres.
Como amigo, es claramente un obsequio del Señor. De una fidelidad a toda prueba. Ha estado en los momentos precisos de alegrías y tristezas. Siempre me ha llamado la atención esa mirada previa al encuentro o a la pregunta fundamental… hay siempre una actitud de respeto, cariño y verdadero interés. Hay auténtica alteridad. De parte de Pablo hay preocupación por el otro. No le somos indiferentes. Creo que ese es uno de los fundamentos de su vocación.
Al verlo como consagrado, doy fe que dentro de la diversidad de nuestra madre Iglesia, es necesario que existan hombres-puentes, que ayuden a una mayor unión en nuestra diversidad. Pablo ayuda a unir, no buscando ser el centro sino facilitando que otros se encuentren. Esto lo digo en especial, en el caso de los estudiantes jesuitas y los seminaristas diocesanos. Me da un gusto enorme ver que su amistad ya no es sólo conmigo, sino que él la ha forjado ya con otros diocesanos, siendo un bello signo de unidad eclesial.
Sin lugar a dudar Dios ha sido bueno conmigo por darme un amigo así.
¡Gracias Padre!
María Olivia Videla
Equipos de Catequesis y Retiros
Vicaría Zona Oeste
Con Pablo nos une una amistad de casi 10 años. Era un joven Junior cuando comenzó acompañar las experiencias de retiro del decanato Pudahuel Sur de la Zona Oeste de Santiago. Este equipo, que funciona desde 1985, invita a algunos estudiantes jesuitas a que nos acompañen en retiros de fin de semana o 5 días. Todos quienes han colaborado, se destacaron por su disponibilidad y generosidad y algunos por su creatividad.
Siento que Pablo también cumple con estas características, además de su intuición y olfato para hacer las experiencias de acuerdo a la realidad. Admiro su capacidad de comunicación con nuestra gente, su memoria y su lengua rápida… lo otro que me impresiona es que es un religioso muy eclesial: está en misas del seminario, la catedral o en una parroquia porque ahí hay un amigo.
Que Pablo pasara de “estudiante” a “hermano” fue sorpresivo para mí. Con mi amistad lo acompañé en el proceso de discernimiento y después de esto la figura de Pablo creció mucho más por querer vivir en la verdad del Creador.
Comparto la experiencia de tres amigos del equipo de retiro:
Tegualda Guzmán, CEB Juan XIII, Pudahuel
Como dijo Don Enrique Alvear: "La Iglesia debe ser el faro que ilumina y guíe a hombres y mujeres al encuentro con Dios".
Pablo ha sido como el guarda faro, en el acompañamiento de retiros de nuestro decanato. Con un acompañamiento cordial, palabras sabias y sencillas y lenguaje cercano nos ha ido mostrando, a muchos hombres y mujeres, hacia donde debemos remar.
Katia Soto, CEB Jesús Vida Nueva, Pudahuel
El acompañamiento de Pablo, al equipo retiro, ha dejado huella por su vocación de formador. En cada comentario, motivación para una oración o una complementación, nos anima con palabras llenas de sentido que son de fácil comprensión y aplicación. Se ve en ellas una vivencia personal de lo que entrega, conocimiento de la gente que acompaña. Su capacidad de escucha y de trabajo en equipo son elementos que ayudan en el acompañamiento. Al participar en trabajo de equipo, su docilidad no es debilidad, al contrario, potencia su capacidad de adaptación, creación e inculturación de lo que entrega.
Con su imagen, aún de niño (por mucho que use barba), sorprende a los participantes, al comenzar a conversar. Para ser “hermano no más”, es un gran pastor. ¡Que Dios te bendiga, Pablito!
Andrés Jarpa, CEB Jesús Vida Nueva, Pudahuel
Quiero dar gracias al Dios de la Vida por Pablo, por su tremenda generosidad, al transmitirnos el amor a Dios que le brota por todas partes. Gracias por toda su disponibilidad en acompañarnos, en acogernos con mucho cariño cada vez que nos encontramos, para trabajar por el Reino. Gracias por su generosidad al acompañarnos en el discernimiento de nuestros nuevos coordinadores en la Comunidad Jesús Vida Nueva. Por todo el amor gratuito, gracias Pablo. |