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Otros hablan de Cristián Gómez SJ :

Ximena Muñoz y Andrés Rebolledo
Integrantes Pastoral Juvenil, Parroquia de la Santa Cruz

A Cristián lo conocimos cuando llegó a trabajar a la Pastoral Juvenil de la Parroquia de la Santa Cruz, la primera impresión fue la de un tipo serio y muy estricto, incluso un tanto “perno”, pero que con el tiempo paso a ser el “Huevo”, un tipo cercano, simpático, muy buena persona y con un don de la palabra gigantesco, un fanático del futbol, pero sobre todo un apasionado por Dios.

Pensar en el huevo es hacer que la mente se nos llene de recuerdos, cómo olvidar la facilidad que tiene para acercar a Dios a los más jóvenes, con ejemplos tan cotidianos como el partido de futbol del fin de semana recién pasado, las largas y entretenidas conversaciones sobre cualquier tema, su hiperactividad para idear y llevar a cabo los proyectos, la forma tan original para despertarnos en misiones (actuando como reloj cucú), su gran participación como animador en la canonización de San Alberto, su queridísima parka azul, regalo de su padre, la que lo hacía ver como un escolar más, y tantos otros…

El Huevo marca nuestra relación de pareja desde el principio, conoce cada detalle de nuestra historia, nos dio toda su confianza y apoyo en el difícil comienzo, nos ayudó a crecer y solidificarnos, nos enseñó a reconocer a Dios en nuestra relación, es testigo de nuestro amor, de nuestros sueños y proyectos; y hasta hoy sigue siendo nuestro consejero y amigo. Todo lo anterior lo ha hecho ser parte importante de nosotros y lo hace merecedor de que en el futuro, sea quien presida nuestro matrimonio.

Finalmente, en el Huevo reconocemos al Cristo jugado por quién más lo necesita, sencillo, luchador por la justicia y humilde, ese que un día nos pidió que le recordáramos en sus momentos de flaqueza, el infinito amor que le tiene a Dios.

Juan Pablo Moyano
Estudiante jesuita

A Cristián lo conozco desde que entramos a la Compañía en 1999. Creo que desde ese momento hemos mantenido una gran amistad y puedo decir que me he beneficiado muchas veces de su apoyo y preocupación incondicional. Quizás esa es la primera característica que podría decir del Huevo, cuida sus amistades e invierte tiempo en ello. Igualmente podría decir que se le conoce como un apasionado, un gran conversador, un cruzado hasta la medula, un amigo de muchos, un ser tecnológico o un hombre con inagotable fuerza apostólica.

Podríamos decir eso y mucho más pero lo que hay detrás de lo que a primera vista podemos ver de Cristián, es un jesuita que ha dejado que el Señor inflame su corazón, al igual que los discípulos de Emaús. Creo que eso ha sido lo que ha marcado estos diez años de Cristián en la Compañía, haber dejado que la experiencia de Dios (en los Ejercicios y la vida cotidiana) lo vaya tomando y que desde ahí ponga cada vez más profundamente en práctica lo que significa ser un hombre consagrado como jesuita y sacerdote.

Debido a esta inflamación del corazón, Cristián ha ido sacando lo mejor de si para el servicio del Reino. Y desde ahí se entiende su pasión y entrega en lo que se le ha encomendado en estos años, el hecho de jugarse con toda la vida (sin miedo a sanas y largas discusiones) en lo que considera justo y bueno y el comprenderse como un religioso dispuesto a discurrir donde se le envíe con gran disponibilidad. Es por esto que en el Huevo podrás encontrar un hombre que entiende su ser jesuita como una apertura a servir en todas las realidades del ser humano (en la lucha por la injusticia, o en una pichanga o un retiro), un personaje que intenta que su consagración toque todos los ámbitos de su vida, una persona enamorada de su vocación religiosa y sacerdotal, y que reconociéndose pecador se siente llamado y se pone al servicio de la misión de Cristo.

Sebastián Muñoz
Miembro del Centro Universitario Ignaciano

Al Huevo lo conocí el 2008, cuando entró a trabajar en la Pastoral de la Universidad. Y al tiro tuvimos fuertes contactos. Él fue el que tomó a la comunidad en la que estoy, los fecundadores, después de que Cristián del Campo anunciara su partida a Estados Unidos. Y de ahí el gran punto de partida. El Huevo comenzó a acompañarme en mi vida espiritual, en ese acercamiento con Dios que necesitaba estrechar.

Cristián es de esas personas que sabe escuchar y que te interpela para buscar siempre el deseo más profundo, la gracia de Dios, para encontrar las formas que uno necesita para servir a Dios. Supongo que ese es el mayor talento del Huevo. Aunque sé que hay muchos más. Pero su capacidad de escuchar y de tener la palabra precisa para seguir preguntándote por el Reino y la construcción no la tiene cualquiera. Y siempre con libertad y con la humildad de saberse un instrumento. Eso fue lo que ayudó a Álvaro Briceño a entender su proceso vocacional y a encausarlo y lo que me ayuda a mí en conocer mi responsabilidad laical.

Cristián es un gran jesuita y será, en un futuro cercano, un excelente cura. Porque sabe ser padre, hermano, hincha acérrimo de su equipo, bien cabro chico a veces y muy maduro cuando se lo necesita. De esas personas íntegras que la Iglesia y la Compañía siempre necesitan.

Juan Diaz SJ
Superior Comunidad Colegio San Ignacio Alonso Ovalle

Conozco a Cristián desde hace 10 años. Me correspondió recibirlo en mi oficina de Provincial durante los primeros días del año 99. Deseaba postular a la Compañía. Poco después, habiendo escuchado el parecer de los examinadores, lo acepté al noviciado. En los dos años siguientes le tomé cuenta de conciencia y culminada esa etapa de su formación recibí su carta en la que solicitaba que se le concedieran los votos perpetuos. Le concedí sus votos. Recuerdo hasta hoy su linda carta de petición.

Reconozco que en todo su proceso vocacional se reflejaba la abundante generosidad que siempre han caracterizado todas sus acciones. Por otro lado, nunca dudé de la acción de Dios en su vida, manifestada de muchas maneras e invitándolo a un amor personal y lleno de desafíos.

Quiero mucho a Cristián, aún cuando no nos vemos muy seguido. El otro día salimos a comer comida china. De él admiro su capacidad de entrega y fuerza vital. Es ciertamente un comunicador de la fe. Nos ha llenado de correos electrónicos el último tiempo para prepararnos a vivir bien el Triduo Pascual. Tiene fuerza para emprender grandes tareas. Es un enamorado de la persona de Jesús y se le nota.

Familia Verderau Alarcón
Amigos de Cristián

A nuestro querido amigo Cristián, Huevo Gómez, lo conocemos hace un buen tiempo. Nosotros somos una familia, Arturo y Angela (Papás), Arturito, Vicente y Antonia. Arturo fue compañero de colegio de Cristián en el Verbo Divino, y yo, Angela, lo conocí mientras pololeaba con Arturo. Arturo y el Huevo fueron siempre cercanos y amigos, pertenecían al mismo grupo de reflexión y oración.

Cuando Cristián estaba por tomar la decisión de ser cura, Arturo le dijo: no esperes que se abra el cielo, y escuches una voz que te diga: debes ser cura… Creo que eso fue muy significativo para el Huevo, y para Arturo también.

Al Huevo, como le decimos todos en la casa, y todos sus amigos del Verbo, lo queremos mucho. Es una persona muy cariñosa, y siempre muy atento a las necesidades de cada uno. El Huevo, es desde ya el cura de nuestra familia, en nuestro matrimonio participó en el altar, e incluso en forma inédita el cura que nos casó lo autorizó a leer el Evangelio, presintiendo la profunda amistad que desde ya nos unía. Fue muy emocionante! para él y para nosotros.

Desde entonces el Huevo, nos ha acompañado como familia, en el bautizo de los niños, bendición de la casa, y en agradables juntas “flash” que organizamos para juntarnos solos con él.

En estas juntas siempre le planteamos a Cristián, con mucha confianza, nuestras dudas sobre ciertos temas religiosos, y otros temas sociales, es muy entretenido y enriquecedor conversar con él, ya que nos entrega su punto de vista mostrándonos un Jesús cercano, real, presente en nuestras vidas. Estar con él es sentir a una Iglesia Católica joven, alegre, entusiasta, viva, lo que por supuesto la hace atractiva, cercana, actual…

Personalmente tengo mucho que agradecerle al Huevo; siempre le pido consejos, hace unos años le pedí ayuda para lograr concretar mi necesidad de hacer una labor social, y rápidamente me puso en el lugar adecuado, y gracias a su ayuda trabajo feliz en el Hogar de Cristo como voluntaria, él me dio el último impulso!

El Huevo siempre, nos guía, a cada uno y como familia, nos muestra con sabiduría el camino a seguir, nos hace sentir que Jesús “habita en nuestra casa”.

Es un gran amigo, una gran persona, irradia su amor a Dios y por los demás, se le ve contento, sabemos que será un gran sacerdote jesuita y, para siempre, el cura de nuestra familia….

Franco Bortolameolli
Estudiante 4° Medio, Colegio San Mateo Osorno

Conocí al “Huevo” gracias a que llegó a servir como maestrillo a mi colegio el 2006. Entonces en aquel tiempo yo era asesor del MEJ y participaba con los Scouts. Para mi sorpresa, él justo era capellán de las dos actividades, entonces fue inevitable trabajar juntos. Dentro de esas actividades fueron muchos campamentos, reuniones, jornadas de trabajo y en verdad días enteros que a veces nos tocaron compartir.

Sin lugar a dudas, lo que siempre me llamó mucho la atención de Cristián fue su creatividad, ya que siempre al momento de necesitar alguna idea ingeniosa para alguna dinámica o algo, él salía con algo de toque “innovador”. Recuerdo bastante bien por ejemplo que en tiempos de Pentecostés, para presentar los dones del Espíritu Santo, se le ocurrió hacer una “feria de los dones”, donde cada puesto te ofrecía uno diferente, y trataban de convencerte para que lo lleves.

Otro valor que destaco de Cristián es su perfeccionismo; siempre busca cómo mejorar las cosas, analizando hasta el más mínimo detalle, con el fin de intentar dar el Magis en todo momento. Esta forma de ser tan particular del “Huevo” me llevó a encontrarme con mí mismo, ya que me descubrí varios talentos que no conocía, además potencié otros, y también encontrarme con Dios; porque entre tanta conversación con él y tanta actividad vivida, sin duda que ha logrado inculcarme los valores cristianos e ignacianos. Sinceramente creo que estamos frente a un tipo que donde esté parado, y en el contexto en que se encuentre, será una persona consecuente, llena de un espíritu y un carisma que tiene ansias de contagiar, y que nosotros, como personas que apreciamos su vida y su testimonio, debemos aprovechar; tan sencillamente porque uno no se encuentra a alguien como Cristián Gómez dos veces en la vida.