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Otros hablan de Víctor Gana SJ:

LUIS DEL REAL
Profesor colegio Francisco de Borja Echeverría

A mediados de la década de los 70 llegaba como Vicario a la Parroquia de Jesús Obrero un sacerdote que gustaba hablar francés recordando así su formación religiosa en el país de Canadá.

El Padre Víctor venía desde el norte, donde por muchos años fue párroco en la península de Mejillones, trabajo que realizó con mucho cariño y que siempre recordaba con mucha nostalgia. A Jesús Obrero llegó a trabajar con los jóvenes en Talleres de Formación de Virilidad, Sexualidad y lo hacía en su calidad de Orientador Escolar, que era su profesión.

Al pasar los años nos volvimos a encontrar en otro lugar, en la Escuela Francisco de Borja Echeverría, él como orientador y capellán y yo como profesor. Iba dos veces por semana y toda vez que iba, sacaba alumnos con los que conversaba y les aplicaba un test de inteligencia, para luego utilizar una antigua máquina de escribir, donde traspasaba toda la información obtenida de cada niño y que compartía en forma muy secreta con los profesores jefes.

Una de las grandes características del padre Víctor eran sus constantes carreras con los niños por el patio de la escuela, cada vez que los sacaba o regresaba de las salas. Otra era verlo en los recreos, jugando al gato con los niños. El padre nunca perdía y los niños hacían fila para jugar con él.

El Padre Víctor conversaba con todos los niños de la escuela por lo menos una vez al año. Su memoria era impresionante: nunca olvidaba un nombre. Además celebraba todos los meses una misa por curso, de quinto a octavo básico, durante todo el año escolar.

CARLOS ÁLVAREZ SJ
Estudiante Jesuita en etapa Teología, Coordinador de Diseños Curriculares Infocap

Dar testimonio de Víctor es alabar el rostro del Señor que se nos muestra en hondas facetas de su persona. Rostro de bondad que se encarna en un modo finísimo de relacionarse con los demás.

Siempre preocupado de tratar por el nombre, no hay jesuita que no haya sentido la delicadeza de su amabilidad manifestada en el sencillo gesto de conocer y decirnos por nuestro nombre desde el Noviciado. Rostro de Jesús pedagogo, que se hace maestro de los niños y los pobres. Recuerdo a Víctor jugando a las carreras con sus alumnos del Colegio Francisco de Borja Echeverría, actual San Alberto, dejándose perder para alegrar a los niños y entusiasmarlos de confianza antes de conversar y celebrar el sacramento de la reconciliación.

Rostro de Jesús médico que se acerca al dolor de sus enfermos del Hospital Salvador, consolando y sanando con su escucha atenta y respetuosa que muchas veces termina en la celebración del sacramento de la unción.

La presencia en medio de la Compañía de Víctor es un regalo para nosotros los más jóvenes, pues nos habla de la fidelidad de un Dios sencillo que se ha hecho hermano y amigo, sin más aspavientos que el deseo generoso de servir con alegría y disponibilidad.